Una visita histórica

Historia 020

Entre el 1 y el 3 de diciembre de 1972, Salvador Allende, el presidente de la República de Chile, quien ya se encontraba en situación precaria al frente de un gobierno socialista asediado por el creciente imperialismo estadounidense, hizo una breve visita a México en medio de una apresurada gira oficial por los pocos países que le respaldaban. Aunque ese viaje de escasos 14 días en cuatro países dio pocos resultados en términos económicos o políticos, fue altamente fecundo en discursos inolvidables. Uno de ellos se pronunció en el auditorio central del instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara el 2 de diciembre, luego de haber pisado el Congreso Nacional y en su camino hacia la Asamblea General de la ONU. Ahí, ante un lleno total pronunció un discurso dirigido a la juventud universitaria que pasaría a la historia.
 

 

Fue el único mandatario socialista en alcanzar la presidencia mediante el voto popular, un contraste marcado con las revoluciones armadas de Cuba o Rusia. "No hay receta para hacer Revoluciones", sentenció en aquella ocasión. En una América Latina asfixiada por dictaduras militares, Allende se atrevió a defender en la palestra sus ideales marxistas, revolucionarios y antiimperialistas, consciente del enorme riesgo que esto conllevaba; un riesgo que él y el mundo verían materializarse en pocos meses. 

Durante su estancia en Guadalajara, el presidente de Chile y su esposa Hortensia Bussi convivieron con los Zuno Arce en su casa familiar, con quienes el presidente Luis Echeverría Álvarez estaba emparentado. Ese mismo espacio por el que transitaron los agitados pasos de Salvador Allende, hoy convertido en sede del Archivo Histórico de la Universidad de Guadalajara, da cuenta a través de la correspondencia que preserva, de los lazos de amistad que se produjeron de aquel encuentro. En una carta Hortensia Bussi Agradece a Carmen Arce haberle enviado a Chile una colcha tejida a mano por ella misma; en otra, Salvador Allende se dirige a María Esther Zuno Arce, la primera dama, expresándole su apoyo por el terremoto ocurrido en Veracruz el 28 de agosto de 1973, pocos días antes del golpe de estado que marcó las condiciones para la muerte del Presidente Allende.


En reconocimiento a su legado, a poco de cumplirse el primer aniversario del infame día 11 de septiembre de 1973 en que muriera el sueño socialista en Chile y comenzara la dictadura, el 10 de junio de 1974 en sesión oficial del Consejo General Universitario, se aprobó nombrar aquel auditorio del instituto de Ciencias Sociales y Humanidades en que resonaran sus emotivas palabras: “Salvador Allende Gossens”. 


Desde entonces y aún hoy abocada a otras disciplinas, con una escultura del extinto mandatario al frente, este auditorio preserva el nombre de aquel socialista incansable en donde pronunció su inmortal frase, que aún hoy inspira a la juventud universitaria “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”.


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