Museo Regional de Guadalajara
Historia 018
Aunque fundado 7 años antes, el origen del Museo Regional está profundamente vinculado con la Universidad de Guadalajara. Ambas instituciones surgen de entre la polvareda que levantó la Revolución Mexicana, fueron concebidas e impulsadas por los artistas e intelectuales agrupados en el conocido como Centro Bohemio, y destinaron sus esfuerzos hacia los mismos fines: la educación del pueblo.
Hacia 1916, Juan “Ixca” Farías, de agudo humor, talento y sensibilidad, y miembro de aquel grupo artístico, mostró ante diferentes autoridades militares gran preocupación por preservar todo cuanto fuera posible de la destrucción y el saqueo que venían con todo conflicto armado. Temiendo pérdidas irreparables en el patrimonio de los tapatíos, en su calidad de Inspector de Monumentos Artísticos del Estado recuperó, reunió, resguardó y registró cuadros y esculturas de templos y conventos, piezas paleontológicas y arqueológicas, indumentaria y artefactos de vario tipo y periodo histórico. Y luego con todo ello se propuso a cumplir un sueño largamente deseado por todos los tapatíos: la creación de un museo.
Con este fin gestionó, por un lado, se concediera el uso del entonces abandonado edificio barroco en el que se habían resguardado muchas obras a lo largo del siglo XIX, en medio de los diversos enfrentamientos del país, y en el que muchos de los integrantes del Centro Bohemio habían pasado sus años de formación como estudiantes del Liceo de Varones; lo cual concedió en 1917 el entonces Gobernador de Jalisco Manuel M. Diéguez. Por otra parte, se sumaron a las piezas rescatadas por Farías, 101 cuadros procedentes de la Academia de San Carlos, y 18 vaciados de yeso de monumentos arqueológicos del Museo Nacional, gracias a la labor de Jorge Enciso, Inspector y Conservador de Monumentos Coloniales de la República, bohemio y amigo de Ixca. Y así se estableció finalmente el 10 de noviembre de 1918, el Museo de Bellas Artes, Etnografía y Enseñanzas Artísticas de Guadalajara; en consonancia con la política cultural revolucionaria que impulsó la fundación de museos por toda la República, con la intención de sentar las bases de la identidad nacional.

Formado en Chicago y París, Ixca Farías se destacó en la Guadalajara de hace 100 años, como profesor de pintura, violinista y promotor cultural. Bajo su dirección, pronto, el recién formado museo pasó de ser espacio de exhibición y conservación; a convertirse en un espacio primordial en la ciudad para las manifestaciones culturales, la difusión de la historia de la región y la instrucción de los tapatíos. A su amplia colección de piezas prehispánicas y vasta pinacoteca con obras del siglo XVI al XX, se unieron las escuelas de pintura al aire libre, exposiciones, conciertos, recitales, conferencias científicas, representaciones teatrales y tertulias. Desde 1918 la Academia de Bellas Artes del Museo comenzó a impartir clases nocturnas de dibujo y pintura a los obreros de la Escuela de Artes y Oficios o a cualquier otro interesado en perfeccionarse en tales materias. En el Club del Ovoide, se discutía acerca de diversos temas artísticos y culturales. Y los miembros del Centro Bohemio encontraron ahí el sitio perfecto para dar a conocer su trabajo artístico. De este grupo saldrían no sólo grandes pintores, sino actores políticos importantes que definieron el rumbo de la política, la cultura y las artes en nuestro país.
Si bien la fundación del museo había sido posible gracias al trabajo conjunto del Gobierno del estado y la federación, hacia 1923 comenzaron algunas disputas por su tutela; lo que motivó a que Ixca Farías y Jorge Enciso promovieran el cambio de nombre por el de Museo Regional de Guadalajara. De acuerdo con la investigadora Adriana Cruz Lara, en 1924, el Lic. José Guadalupe Zuno —fundador del grupo bohemio y gran amigo de Ixca—, entonces Gobernador del Estado de Jalisco, tuvo un importante desacuerdo con la SEP. La secretaría le señaló al mandatario que solamente era de su jurisdicción la sede del museo; no así la mayor parte de las piezas que se exhibían en él ni los trabajadores, que eran pagados por la Dirección General de Bellas Artes. Quizá fue precisamente la reiterada aparición de conflictos en torno a la centralizada administración del patrimonio cultural y artístico del Estado lo que motivó a que, hacia finales de 1925, con la creación de la Universidad de Guadalajara, se decidiera integrar al museo como parte de sus dependencias, en un intento de que ésta fungiera como mediadora entre ambos niveles de gobierno.
Dado que desde su fundación el museo ya venía implementando la educación popular que definiría la vocación de los espacios universitarios, —y con mucho éxito, según se observa en la gran afluencia de visitantes—, su unión parecía natural. Pero en la práctica, su adscripción no pareció transformar mucho la realidad del museo, que aún continuó respondiendo ante la Inspección General de Monumentos Artísticos e Históricos, y siguió recibiendo insumos por parte de la Secretaría de Educación Pública. Ixca Farías era, después de todo, empleado de tales dependencias, que —como le reiteró en 1931 al Rector de la Universidad de Guadalajara—, tenían a su cargo la dirección, conservación y vigilancia de los objetos que se exhibían en el museo.
De acuerdo con la documentación preservada en el Archivo Histórico de la Universidad de Guadalajara que puede ser consultada a través de su repositorio digital, la relación institucional entre el museo y la Universidad de Guadalajara se redujo a enviar informes de adquisiciones, comprobación de gastos y flujo de visitantes. Por su parte, a petición de Ixca Farías en su calidad de Director del Museo, las autoridades universitarias gestionaban el uso de salones, solicitaban al Gobierno del Estado los arreglos que el inmueble requería o aprobaban presupuesto para la realización de exposiciones. De igual manera, la Universidad de Guadalajara donó al museo diversas piezas, desde piedras fundacionales con inscripciones, bateas, lacas o vitrinas encontradas en sus edificios, para su custodia y exhibición por su importancia histórica o artesanal. Durante estos años las colecciones del museo siguieron creciendo; se hicieron muchas obras para adaptar el espacio a sus nuevas funciones museográficas y poder abrir más galerías; además de continuar con el compromiso de la enseñanza de las artes con la Escuela de Pintura al Aire Libre y un Taller de Bellas Artes.

Su desincorporación de la Universidad de Guadalajara es un periodo sobre el que aún queda mucho que investigar y decir. En medio de la pugna por la implementación del sistema educativo socialista impulsado por el gobierno de Lázaro Cárdenas que llevaron a la clausura de la Universidad en 1934 y en 1935, y la creación del Instituto Nacional de Antropología e Historia en 1939; se redujeron las atribuciones estatales sobre el museo y éste dejó de formar parte de las dependencias universitarias. Se dio inicio así a una nueva etapa institucional, en la cual, desde entonces, el Museo del Estado, hoy Museo Regional, quedó sujeto a la gestión absoluta del INAH.
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