Facultad de Ingeniería

Historia 021

Desde el siglo XVIII la ingeniería había encontrado en México grandes áreas de aplicación, especialmente incentivadas por el estado en creciente expansión, que buscaba controlar y administrar de manera más eficiente el territorio a través de sus recursos naturales. Su gran desarrollo llevó a su consolidación profesional, constituyéndose desde 1869 en un importante e influyente gremio, que buscó regular el ejercicio de su profesión a través de la Sociedad de Ingenieros de Jalisco.


Ya en el siglo XX, la mancuerna imprescindible que se había establecido entre estos profesionales y el estado llevó a que se crearan dependencias y leyes que se abocaron a la construcción de carreteras para conectar de manera más eficiente los principales centros económicos del país, tanto como para poder explotar los yacimientos mineros. De manera que incorporar los estudios de ingeniería en la Universidad de Guadalajara, tenía una importancia estratégica de primer orden.


Con la creación de la Universidad de Guadalajara en 1925, se agruparon bajo su nombre, lema y escudo además de las escuelas preparatorias y la Normal, las escuelas profesionales que hasta el momento existían de manera independiente, como las de Medicina, Jurisprudencia, Farmacia, Comercio e Ingeniería, que pasaron a convertirse en facultades de la naciente institución con todo y los alumnos inscritos en ellas.


Sin embargo, a diferencia del resto, la incorporación de la Facultad de Ingeniería tuvo sus particularidades, dado que fue la única cuya sustitución fue escalonada, cerrando el acceso a nuevos ingresos en la existente, pero permitiendo que los estudiantes de grados superiores concluyeran su preparación en la denominada Escuela Libre de Ingenieros. Lo que significó la existencia paralela de dos centros educativos en los que se formaron los ingenieros tapatíos a lo largo de sus primeros años. Esta duplicación de funciones educativas se tradujo en una matrícula reducida para la Universidad de Guadalajara. En su primer informe de actividades el rector Enrique Díaz de León, señala que en 1925 la Facultad de Ingeniería tuvo inscritos únicamente a 4 alumnos y un espectador en el primer año —el resto de grados estuvieron desiertos—. En las otras Facultades los estudiantes oscilaban entre los 57 la que menos (Farmacia), y hasta los 247 la que más (Medicina).
 


Hasta antes de la creación de la Universidad de Guadalajara, las escuelas especializadas existentes en la ciudad databan de 1883 y eran sostenidas por el gobierno del estado. Sin embargo, la Escuela de Ingeniería había sido clausurada en 1896 por disposición del gobernador Luis C. Curiel. Fue entonces cuando la Sociedad de Ingenieros de Jalisco, decidió crear una escuela “particular, libre y gratuita”. La Escuela Libre de Ingenieros de Guadalajara entró en funciones en 1902, operando gracias al trabajo altruista de los profesores y entregando títulos de ingeniero civil, de minas, hidráulico, constructor, topógrafo, arquitecto, ensayador y beneficiador de metales, puentes y caminos, agrónomo, geógrafo, electricista, mecánico y mayordomo de campo.

Poco a poco los alumnos inscritos en la escuela oficial fueron aumentando, y hacia 1934 los estudiantes de ingeniería alcanzaron el número de 28. Además, la Universidad de Guadalajara también terminó por instalarse y poseer tanto la sede de la antigua Escuela Libre de Ingenieros, como su biblioteca, colección de minerales, telescopio y mobiliario. A la postre la Universidad de Guadalajara superó en el tiempo a la primera y se impuso con la revalidación de estudios a los ingenieros egresados de su predecesora, quienes obtuvieron una doble titulación por lo menos hasta 1938, como atestigua la documentación preservada en el Archivo Histórico de la institución, entre los que se cuentan algunos personajes destacables que fungieron como profesores dentro de la nueva institución educativa oficial y que transformaron el trazo y horizonte de nuestra ciudad.


Hacia la mitad de la década de los años treinta comenzó un periodo de inestabilidad, que, entre clausuras y reaperturas, llevaron a que la educación en Jalisco adoptara un cariz socialista, sustituyéndose la Universidad de Guadalajara por la Dirección General de Estudios Superiores. Durante esta etapa, la Facultad de Ingeniería también pasó por varias modificaciones y adaptaciones, que primero unieron la ciencia de la construcción con las Ciencias Químicas y Físicas; y luego se englobó dentro de una formación matemática especializada más amplia. Estas intermitencias cesaron en 1937, cuando finalmente fue restituida la Universidad de Guadalajara.

Para entonces, debido al aumento de la matrícula y a la demolición del edificio donde históricamente se habían alojado los ingenieros en formación en el Colegio de San Juan, en 1941 se comenzaron a hacer reformas al antiguo Convento de San Agustín que se encontraba en ruinas, para alojar en él los laboratorios de la Facultad de Ingeniería. Un proyecto que contemplaba compartir el sitio con el Archivo General del Estado, la Escuela de Comercio y Administración y la Facultad de Ciencias Físico-matemáticas. Sin embargo, entre los retrasos de la obra y el aumento de la población escolar, la ocupación de este espacio fue temporal e insuficiente, y ni siquiera llegó a dos años.

En 1947 el Ing. Jorge Matute Remus concibió la idea de crear un Instituto Tecnológico, por lo que solicitó los terrenos en donde el Gobernador Marcelino García Barragán proyectaba la construcción de una Ciudad Universitaria. El Rector Ignacio Jacobo realizó la petición formal de la donación de las cerca de 36 hectáreas de terreno al ejecutivo y en la sesión del Consejo Universitario del 21 de agosto de 1947, se aprobó la creación de este nuevo complejo universitario. Un año más tarde, el 20 de octubre de 1948 se firmó el convenio de coordinación entre la Secretaría de Educación Pública, el Gobierno del Estado de Jalisco y la Universidad de Guadalajara, con el cual se buscaba asegurar la construcción de los edificios que formarían el Instituto Tecnológico de Guadalajara y su sostenimiento y equipamiento; el cual incluía las facultades de Ingeniería y Ciencias Químicas, así como la Escuela de Arquitectura, Vocacional, Prevocacional y Politécnica; además de diversas áreas deportivas.

En el marco de la Reforma Universitaria de 1994, el Instituto Tecnológico se integró como parte del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías, fusionando las antiguas facultades de Ciencias, Ciencias Químicas, Ingenierías e Informática y Computación; además de los Institutos de Madera, Celulosa y Papel; Astronomía y Meteorología (IAM) y la Dirección de Vinculación y Transferencia de Tecnología.


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