Orozco en la Universidad

Historia 016

En 1936, el gobernador Evearardo Topete encargó al pintor Jose Clemente Orozco, la decoración del edificio que hoy se conoce como el ‘Paraninfo Enrique Díaz de León’, el cual había funcionado anteriormente como sala de sesiones del Congreso del Estado. Un año más tarde, en 1937, Orozco pintó en el paraninfo una de sus obras más emblemáticas. Ese mismo año el inmueble pasó a formar parte de la Universidad de Guadalajara y desde 1939 se convirtió en sede de la Rectoría General. 


Utilizando la técnica del fresco, Orozco cubrió la cúpula y los muros del recinto con una serie de murales que reflejan su visión crítica de la historia. Tituladas El hombre creador y rebelde y El pueblo y sus falsos líderes, estas obras representan la lucha del ser humano por la libertad y la justicia social. La obra representa una compleja alegoría del ser humano. Destaca la imagen del hombre con cinco cabezas, cuyos rostros son profundamente significativos, especialmente uno que observa el cadáver de un niño sometido a autopsia y trepanación. En los muros de la plataforma, se encuentra una escena impactante de hombres desnudos, sufrientes y famélicos que reaccionan contra líderes obreros con libros y un cuchillo, mientras que al fondo el fuego conforma parte del escenario principal.

 

Fragmentos del mural, recuperados de la Revista de la Universidad de Guadalajara, 1972.

 

Jose Clemente Orozco es reconocido como uno de los más grandes exponentes del muralismo mexicano, movimiento artístico que surgió en la década de 1920 en México, después de la Revolución Mexicana, como un arte nacional que reflejara la historia y la cultura del país. De acuerdo con documentos conservados en el archivo de la Universidad de Guadalajara, fue considerado el gran genio de la pintura revolucionaria, destacado por su libertad creativa y la fuerza poética de su obra. En un artículo publicado en la revista El Nacional, se menciona que su arte se caracterizaba por la espontaneidad y lo inesperado, elementos que definieron su estilo único y profundamente expresivo. Orozco, además, sentía una especial fascinación por las cúpulas, estructuras que representan uno de los mayores retos técnicos en la realización de un mural. 

 

Autorretrato. Óleo sobre masonite. Recuperada de la Revista de la Universidad de Guadalajara, 1972.

 

La importancia de Orozco en la Universidad de Guadalajara quedó registrada en diversas publicaciones, entre ellas la Gaceta, órgano informativo de la institución. En su edición de 1990, se destaca que los murales de Orozco convierten al Paraninfo Enrique Díaz de León en un monumento nacional que la Universidad resguarda con orgullo. El paraninfo fue concebido, entonces, como un espacio destinado a conferencias magistrales y actos institucionales. Así lo demuestra una sesión del Consejo Universitario realizada en 1951, en la que se dictó que el recinto se destinará exclusivamente a fines universitarios y que se elaborara un reglamento para proteger los murales, declarándose intocables.  

 

Foto de Constancio Hernández Alvirde acompañado por profesores dentro del paraninfo de la Universidad de Guadalajara, 1939.Fragmentos de los murales, recuperados de Gaceta Universitaria, 1984.


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